[Situación y características] [Fauna] [Flora] [Links] [Rutas y Senderos] [Información]
El alma de Tenerife está perfectamente representada en el Parque del teide. Situado en el centro de la isla, es el mayor y más antigua de los cuatro Parques Nacionales de las Islas Canarias. Tiene una extensión total de 13.571 hectáreas en las que el Pico del Teide es la cota más alta - el techo de España- con sus 3.718 metros. La superficie del Parque Nacional se reparte entre los municipios de Guía de Isora, Icod de los Vinos, La Orotava y Santiago del Teide. Todo él es un extraordinario monumento geológico en el que los conos volcánicos y las coladas de lava forman un impresionante conjunto de colores y formas.
Desde el 16 de diciembre de 1.989 el Parque Nacional posee el Diploma Europeo (categoría A) a la conservación.
La vida entre la lava es ardua. En el Parque Nacional del Teide fauna y flora hacen un esfuerzo de adaptación en las duras condiciones de vida de que disponen. Los cuarenta millones de años de vida del archipielago canario, su aislamiento y la peculiaridad de su clima han favorecido la existencia de una gran variedad de especies endémicas que desde siempre han sido un tesoro para científicos y naturalistas . Esta es la razón fundamental por la que se declaró Parque Nacional en 1954.
Según la hipótesis de los geológos, aunque con cierta controversia, Las Cañadas están formadas por dos calderas - de erosión para unos, de hundimiento para otros y por ambas causas para los restantes-, una oriental y otra occidental, separadas por los Roques de García y en cuyo interior se levanta el complejo Teide-Pico Viejo. Todo el Parque está situado a una altitud superior a los 2.000 metros, con muy baja humedad relativa, alto grado de insolación y fuertes oscilaciones de las temperaturas.
Pocos animales superiores resisten la dureza climática del Parque. Las aves son quizá el grupo más representativo. El cernícalo sobrevuela todo el Parque y anida en él. El pinzón azul del Teide vive sobre todo en los pinares adyacentes pero se le puede ver a menudo en Las Cañadas. El típico canario también sube hasta aquí formando grandes bandos en primavera y otoño. Caminado por alguno de los senderos del Parque es posible encontrarse con el cadáver de algún lagarto clavado de una rama: es víctima del alcaudón, que suple su falta de garras con este sistema para matar a sus presas. Paloma bravía, como habitante permanente, y la migratoria tórtola son los dos únicos colúmbidos que se encuentran. En primavera y verano llegan abubillas, vencejos unicolores y otras especies. El bibista caminero coloniza todas las latitudes del Parque Nacional y tanto el cuervo, abundante hasta hace poco y al que se ha visto sobrevolando el Propio Pico del Teide, como la perdiz moruna empiezan a estar en regresión por la presión humana y el furtivismo.
Los insectos son la fauna más interesante del Parque Nacional, aunque su presencia frecuentemente pasa inavertida a los visitantes. Los expertos calculan en unas 400 las especies de insectos que viven en Las Cañadas, muchas de ellas endémicas y de gran valor científico. Pero es en la primavera cuando más llaman la atención. En esa época del año se les puede ver revoloteando entre las flores, acudiendo a la llamada de las plantas para apurar la breve polinización.
El único reptil que encontramos en estos parajes es el lagarto tizón que puede llegar hasta 30 centímetros de longitud y vive tanto en los fondos de las Cañadas como en las cotas más altas del Parque. Erizo moruno y algunas especies de murcielagos son los únicos mamiferos autóctonos junto con las especies introducidas por el hombre: conejo, muflón, ratón de campo, rata y grupos de perros asilvestrados, en su mayoria abandonados o perdidos por los cazadores, y gatos cimarrones.
La flora se adapta sorprendentemente a la tirámica climatología de estas latitudes. De hecho, la gran cantidad de endemismos de flora que encontramos fue uno de los datos claves para la declaración del Teide como Parque Nacional. Al menos el 22 por ciento de las especies del Parque son endémicas y se encuentran amenazadas y, de todas las plantas autóctonas, un 15 por ciento se encuentra clasificado como en peligro de extinción. La retama es la especie más abundante.
El tajinaste rojo es una de las plantas más sorprendentes que, en primavera, se cubre de llamativas flores rojas y puede alcanzar hasta tres metros de altura. El alhelí del Teide y la margarita del Teide son dos preciados endemismos al igual que el Aeonium y la Sventenia. A medida que se asciende no pasará desapercibido un hecho curioso. Para defenderse de los rigores del frío y el viento la vejetación es cada vez más escasa y se va achaparrando y extendiéndose sin levantarse siquiera un metro del suelo.
Todo cambia en invierno. La primavera es breve y tardía en el Parque Nacional del Teide y, cuando se cumple su ciclo y llegan las nieves, el paisaje cambia de color. La hierba pajorera vuelve a presentar su aspecto pajizo y amarillento que le da el nombre. Los tajinastes pierden su típica flor para pasar el invierno.
Más arriba de los 3.000 metros, hasta la misma cumbre del Teide, sólo hay una especie que consiga sobrevivir: la delicada y frágil violeta del Teide, la planta que crece a mayor altora de todo el territorio nacional. La reina de las cumbres es sin duda la delicada violeta del Teide. aprovechando las aguas del deshielo florece en la misma cumbre del volcán y en los Altos de Guajara bajo unas condiciones verdaderamente extremas. La recolección por parte de naturalistas y excursionistas en general estuvo a punto de causar su extinción hace unos años.
922 87 01 05
922 23 98 97
Copyright© 1996 - Armando
Última actualización: 31/05/01